sábado, 24 de octubre de 2009

comentario de libro, el terror de dan simmons

El Terror
Dan Simmons
Abril de 2008
Rocaeditorial
11.000 en Antartica


Durante el siglo XIX , y según creo recordar, hasta bien entrado el siglo XX, muchos navegantes ingleses y, probablemente, de otras nacionalidades también, intentaron buscar un paso navegable por el norte del continente americano, entre Canadá y los mares congelados del polo norte, para así abrir una ruta más directa a Rusia, Japón y China, que les ahorrara el largo viaje, ya sea por el estrecho de Magallanes, Cabo de Hornos o cabo de Buena esperanza.
Esta novela, que tiene escrita la palabra “histórica” en un costado de la tapa, pretende dar cuenta de la expedición que, en 1845 emprendió sir John Franklin, al mando de una flotilla de dos barcos, el Erebus y el Terror, que da nombre a la novela.
Después de pasar un invierno entre los hielos de la isla de Devon, situada en los márgenes de la tierra conocida en la época por balleneros y exploradores, la flotilla se adentra hacia el sudoeste, entre la quebrada costa norte de Canadá, en busca del dichoso paso, sólo para quedar atrapados en una costra de hielo, “banquisa” le llama el traductor, algunos cientos de kilómetros al sur.
Hasta ahí podríamos decir que le llega lo de histórico a la novela. Dos inviernos completos pasan las naves prisioneras , distanciadas entre sí un par de kilómetros, que las tripulaciones recorren a menudo en la eterna noche polar o en el día sin noche del verano. De a poco surge la figura de un ser terrorífico, especie de oso polar gigantesco, malvado y casi omnisciente, insensible a los disparos, sanguinario y cruel, que va asesinando a los tripulantes de las formas más sangrientas. Decapitados, devorados, destripados, triturados, como ocurre con el teniente Gore, la primera de sus victimas. En el colmo del horror, en una noche de guardia, secuestra a dos tripulantes, solo para devolver después un cuerpo formado por la mitad superior de uno y la inferior del otro.
Junto con este horror, aparece la figura de una mujer esquimal, que, y me costó darme cuenta, se presenta en escena junto con el primer crimen de esta bestia. El hecho de carecer de lengua sólo sirve para acrecentar el misterio y le gana el apodo de Lady Silenciosa. Muchos, incluido el líder, Sir Franklin, cccccaen víctimas de esta aparición demoníaca, quedando el capitán Crozier, del Terror, a cargo de la expedición.
Crozier es un tecnócrata, oficial de carrera sin apellidos ni títulos, irlandés, alcohólico y casi católico, en la marina real de su Majestad la Reina de Inglaterra que debe asumir la responsabilidad por lo errores de su difunto jefe, sin posibilidad de renuncia o relevo, salvo el suicidio, que se tiene a sí mismo prometido para cuando se le agote la provisión de whisky con la que viaja.
Completan la historia un médico semiprincipiante que, por obra del la bestia, termina siendo el único médico de la expedición. Otro de los personajes es un marinero degenerado y asesino a sangre fría que, para evitar el castigo que la marina real daba a los sodomitas en la época, no duda en asesinar a un teniente y provocar que, en represalia, fuera masacrado un grupo de esquimales, quizá los únicos que podrían haber proporcionado medios para rescatar a la expedición.
Escape a pie por el hielo, remolcando y cargando un grupo de botes de todos tipos, cargados a su vez con la multitud de enfermos de escorbuto, congelados y heridos de encuentros con la bestia. Caminata de pesadilla, siempre con la figura del monstruo a la distancia, en el rabillo del ojo. Así se me volvió a ratos la lectura de este adefesio y, tal como los personajes caminaban con la esperanza de salir de su trampa de hielo, así leía yo con la esperanza de salir de esta trampa de burradas.
Finalmente, motín y homicidios, escape y canibalismo desatado. Locura total de quien quiere creerse Dios y mata a unos para alimentar a otros, hasta que la bestia, que finalmente resulta ser la única divinidad presente se hace cargo.
¿Y que pasa con nuestro héroe, el capitán Crozier?, después de ser baleado por los amotinados y desaparecer en el hielo, negándoles el placer de una cena de “ capitán a la cartè”, es, ¡obvio!, rescatado por lady Silenciosa quién, como corresponde, cura sus heridas para, después de un tiempo, ¡era que no!, convertirse en su mujer y convertirlo a él en uno más de las “gentes del dios que camina”, para lo cual debe pasar el rito de ser privado de su lengua, por la misma bestia que lo privó de sus barcos y su gente. Cuatro o cinco capítulos de visiones celestiales de cultura postmoderna, en la que casi escuchaba música garden de fondo A estas alturas resulta obvio que la cercanía de la aparición de la mujer y la bestia no son casualidad y que de una u otra manera, ella fue sacerdotisa en el sacrificio de ciento y tantas personas a dicha deidad y, lo que es peor, la seducción y conversión del guardián.
Resumen, para uno que busca en la lectura, no solo entretención sino una forma de aprender y ampliar horizontes, sin renunciar por ello a una trama ágil y emocionante,(Forsyth por ejemplo) pero con algo de contenido, resulta en una sensación de haber sido engañado al comprar una novela sacada del anaquel de las novelas históricas, con esa misma palabra escrita en un costado de la tapa y encontrarse con esto. No niego que tiene su mérito, pero falta la decencia de declarar que no es más que una novela de horror, pues sería un insulto a los Bradburis y Asimovs, catalogarla de ciencia ficción, algo que, si hubiera dedicado más tiempo en la tienda podría haber detectado en la solapa delantera, pues se refiere al autor como uno de los “refrentes de la ciencia ficción”. ¡Un fiasco!