martes, 5 de julio de 2022

el destino del neoliberalismo

 

Afirmo que la suerte del neoliberalismo estaba escrita en su misma concepción, y pretendo, si no demostrarlo, convencer o, al menos, introducir la duda en algunos.

 

Entiendo por neoliberalismos, la concepción del estado subsidiario que deja a las fuerza del mercado la solución de todos los problemas, ya que confía en que la búsqueda individual del bienestar material (“ de la felicidad” dicen que dice la constitución americana, ya que yo no la he leído), conduce inevitablemente a una mejora de las condiciones generales.  Pruebas a favor tenemos muchas, bajar la pobreza de casi 50 % a menos de 10% es una de ellas, y muy contundente, mejorar el índice  de la envidia ( perdón,  indice Gini) es otra.

 

Lo anterior funciona muy bien en términos económicos y sería totalmente cierto en una sociedad movida únicamente por intereses materiales, pero nos olvidamos de que existe en la sociedad gente que se mueve por otros intereses, el poder primero  entre ellos.

 

Prueba de esto último es que mucha gente decide, en lugar de hacer de sus vidas una permanente búsqueda de la “felicidad” económica, dedicarse a perseguir otras metas, el poder político, como ya dije, y/o otras metas en la vida, el arte, la paz, la salvación del alma,  la salud física y espiritual, la conexión con el cosmos, la parranda perpetua  y tantas otras como diversa es la humanidad.

 

Entonces, dentro de la concepción neoliberal que se dio al estado de Chile con la constitución actual o sus reglas adjuntas, está la de la creación de un universo, una casta política autónoma, la mejor pagada del mundo , con la ingenua idea de que al hacerlos independientes en lo material, iban a ser independientes de  los poderes económicos en lo político.  Craso error, ya que como vimos, la necesidad financiera para sostenerse en cargos de poder o simplemente dentro de la casta supera los ingresos de los políticos los que, además, sienten -justamente diría yo- que esos ingresos son “suyos” y no deben ser puestos al servicio de las ideas que dicen predicar. Tal como un gerente de una empresa tiene muy claro que no debe poner de su sueldo para financiar operaciones de la empresa.

 

Pero mi punto es otro, creo que el error es más fundamental que lo dicho. No es correcto pensar que debe haber una dicotomía entre política y economía. Siempre he pensado que política y economía, si no son dedos de la misma mano, al menos deben ir de la mano. No me parece lógico que  quienes manejan la economía tengan vetada o al menos restringida la participación en política política y , viceversa, no me parece lógico que una casta que solo vela por su subsistencia, con un universo endógeno  y muchas veces aislado y protegido de las consecuencias de sus decisiones , que afectan al grueso de la población y, en casos prominentes, sin experiencia real de vida, tenga el manejo del país.

 

El otro error “fundacional”, fue pensar que todo es economía y llevar ese pensamiento a la sede de gobierno, en especial en los- supuestos-  dos gobiernos de derecha neoliberal que vimos pasar.  Dejar al arbitrio de las fuerzas políticas, creyendo que “el mercado” iba a regularlo todo, la educación, las comunicaciones, la justicia, es un tremendo contrasentido, que raya en la irresponsabilidad, ingenuidad y flojera, ya que no toma en cuenta que una parte importante de la gente no cree en eso y hay agentes con intereses mas allá de lo económico, dispuestos a trabajar duro por imponer sus ideas. Y así lo hicieron.

 

En resumen, el gran pecado original del neoliberalismo, que, como un veloz auto de carreras nos condujo hasta la vista de la meta para fallar pocos metros antes, es haber creído que el mercado tenía respuestas para todo y no es así.  Se puede ser neoliberal en economía pero no se puede ser neoliberal para gobernar.

domingo, 3 de julio de 2022

caminantes

 

Camino al aeropuerto, tarde noche, va a hacer mucho frio, diviso una familia de tres, padres en sus treinta, hijo de unos 8 años, caminando hacia el norte por la berma. Todas sus pertenecías en un coche de guagua.

De vuelta los vuelvo a ver unos kilómetros más allá. Ya está haciendo frio.  Me entra una rabia tremenda. Nadie, con poder de hacerlo, toma ninguna medida  contra los gobiernos criminales que destruyen las vidas de tantas familias de sencillos trabajadores y los lanzan, con sus hijos y ancianos a  vagar, indefensos,  miserablemente, por los caminos de los emigrantes. ¿donde están los clamores en torno a la dignidad, la desigualdad y otros cantos de sirena?