Afirmo que la suerte del neoliberalismo estaba escrita en su
misma concepción, y pretendo, si no demostrarlo, convencer o, al menos, introducir la duda en algunos.
Entiendo por neoliberalismos, la
concepción del estado subsidiario que deja a las fuerza del mercado la solución
de todos los problemas, ya que confía en que la búsqueda individual del
bienestar material (“ de la felicidad” dicen que dice la constitución
americana, ya que yo no la he leído), conduce inevitablemente a una mejora de
las condiciones generales. Pruebas a
favor tenemos muchas, bajar la pobreza de casi 50 % a menos de 10% es una de
ellas, y muy contundente, mejorar el índice
de la envidia ( perdón, indice
Gini) es otra.
Lo anterior funciona muy bien en
términos económicos y sería totalmente cierto en una sociedad movida únicamente
por intereses materiales, pero nos olvidamos de que existe en la sociedad gente
que se mueve por otros intereses, el poder primero entre ellos.
Prueba de esto último es que
mucha gente decide, en lugar de hacer de sus vidas una permanente búsqueda de
la “felicidad” económica, dedicarse a perseguir otras metas, el poder político,
como ya dije, y/o otras metas en la vida, el arte, la paz, la salvación del
alma, la salud física y espiritual, la
conexión con el cosmos, la parranda perpetua y tantas otras como diversa es la humanidad.
Entonces, dentro de la concepción
neoliberal que se dio al estado de Chile con la constitución actual o sus
reglas adjuntas, está la de la creación de un universo, una casta política
autónoma, la mejor pagada del mundo , con la ingenua idea de que al hacerlos
independientes en lo material, iban a ser independientes de los poderes económicos en lo político. Craso error, ya que como vimos, la necesidad
financiera para sostenerse en cargos de poder o simplemente dentro de la casta
supera los ingresos de los políticos los que, además, sienten -justamente diría
yo- que esos ingresos son “suyos” y no deben ser puestos al servicio de las
ideas que dicen predicar. Tal como un gerente de una empresa tiene muy claro
que no debe poner de su sueldo para financiar operaciones de la empresa.
Pero mi punto es otro, creo que
el error es más fundamental que lo dicho. No es correcto pensar que debe haber
una dicotomía entre política y economía. Siempre he pensado que política y
economía, si no son dedos de la misma mano, al menos deben ir de la mano. No me
parece lógico que quienes manejan la
economía tengan vetada o al menos restringida la participación en política
política y , viceversa, no me parece lógico que una casta que solo vela por su
subsistencia, con un universo endógeno y
muchas veces aislado y protegido de las consecuencias de sus decisiones , que
afectan al grueso de la población y, en casos prominentes, sin experiencia real
de vida, tenga el manejo del país.
El otro error “fundacional”, fue
pensar que todo es economía y llevar ese pensamiento a la sede de gobierno, en
especial en los- supuestos- dos
gobiernos de derecha neoliberal que vimos pasar. Dejar al arbitrio de las fuerzas políticas,
creyendo que “el mercado” iba a regularlo todo, la educación, las
comunicaciones, la justicia, es un tremendo contrasentido, que raya en la
irresponsabilidad, ingenuidad y flojera, ya que no toma en cuenta que una parte
importante de la gente no cree en eso y hay agentes con intereses mas allá de
lo económico, dispuestos a trabajar duro por imponer sus ideas. Y así lo
hicieron.
En resumen, el gran pecado
original del neoliberalismo, que, como un veloz auto de carreras nos condujo
hasta la vista de la meta para fallar pocos metros antes, es haber creído que el
mercado tenía respuestas para todo y no es así.
Se puede ser neoliberal en economía pero no se puede ser neoliberal
para gobernar.