martes, 4 de junio de 2013
El problema con las grandes empresas es la avaricia, muchas veces disfrazada de valores corporativos , misión o ética empresarial ( " incrementar el valor para los accionistas"). Peor resultan ser las mas grandes, en las que los administradores no son los dueños, los dueños son difusos, casi un concepto y se aplican las reglas de Porter, crecer, ganar ,dominar, como guía para adivinar sus intenciones.
El estado por su parte, tampoco es buen empresario. Por sobre todos los argumentos descolla el de la perdida de conexión entre lo que se hace y los resultados es decir, el funcionario percibe en forma muy atenuada el efecto de sus actos pues hay todo un aparato que decide o Lidia con las consecuencias. Definitivamente, no creo que sea buena idea entregar a este aparato la administración de la riqueza de todos.
Que nos queda como opción? Un estado regulador, fiscalizador, redistribuidor, con instituciones que operen y leyes y reglamentos que nivelen la cancha entre el poder económico y el ciudadano.
Claro que no es fácil, se requieren servidores del estado honestos, competentes y dedicados, independientes e íntegros. ¿Como lograrlo si para acceder a un cargo representativo hay que contar con el apoyo de tremendo aparato partidario y sumas ingentes de dinero? En definitiva, ¿a quien representan entonces estos representantes?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario