Si las personas-nosotros- nos dimos cuenta que
ser propietario es mejor que ser arrendatario, ya que si ahorras un porcentaje
y pagas un crédito , cuyos dividendos no son muy distintos al valor de un
arriendo, y muchas veces menor, al cabo
de 12 o 20 años eres dueño de una propiedad, construiste un patrimonio. Ya no
eres proletario, eres propietario. Si
destinas esa propiedad al arriendo, el balance es mucho mejor ya que prácticamente
con el pago del pie, terminas dueño de la propiedad al cabo del plazo del crédito.
Multiplicaste tus ahorros por 5 o 10 veces.
Bueno, si nosotros, individuos no profesionales
en el mundo de las finanzas nos dimos cuenta de eso, imagino que los bancos con
sus ejércitos de analistas, jefes de cuenta y gerentes, se habrán dado cuenta
hace tiempo de lo mismo. No pensemos en el gerente de sucursal que vela por las
cuentas de corto plazo, pensemos en los gerentes o directores corporativos en
alguna lluviosa capital centroeuropea que están mirando la figura a largo, 20,
30 hasta 100 años, plazo. Seguro que ellos
perciben como una amenaza esta “propietarización” del proletariado que les está robando la riqueza
que les corresponde a sus instituciones.
Escucho comentarios, como el de Fabian Barrio,
sobre los objetivos de la agenda 2030. El “no tendrás nada y serás feliz” y la
creciente pauperización de la juventud en España, por ejemplo, que prácticamente
no tiene posibilidades ni esperanzas de tener propiedades. Veo como han sido educados para que prefieran las “experiencias”
por sobre las pertenencias. Viajar, bailar, beber, recitales, partidos, uber,
Awto, puro gasto, nada de patrimonio, consumen sus ingresos.
Veo por otro lado un gran, y parece que exitoso,
empuje por eliminar la familia tradicional y acabar con la maternidad y paternidad. No más hijos, por
la via del aborto libre, el sexo recreativo, las parejas homosexuales y las
leyes que convierten el galanteo y la seducción en una actividad de alto riesgo
legal parece ser la consigna.
Asi es como se intenta convertir a la sociedad
en una colmena, donde las obreras ( que no tienen nada y no tienen hijos) -nosotros o nuestros hijos para los que ya pasamos
la edad- solo debemos trabajar para enriquecer a los dueños y dirigentes de la
colmena, a cambio de una vida de placeres, sin futuro, sin historia, sin legado
, que no nos deja nada más.
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