Simon Schama
Critica
Como 25.000 en Antártica
En el verano, cuando me fui a aprovisionar de libros para las vacaciones en la playa quedé interesado en este libro, pero no me atreví a comprarlo porque lo encontré caro y quería comprar dos o tres . Pero me siguió penando, así que mas o menos en abril o mayo, después de terminada la dosis del verano, me decidí y lo compré.
Raro me pareció al principio, pero con las 25 lucas de aliciente, le di firme a la lectura.
Difícil es resumir un libro que abarca cerca de 250 años de historia que una nación que rigió buena parte del mundo durante buena parte de ese período asi que voy a poner aquí solo ideas generales e impresiones. Si esperaba tener un detalle de fechas, batallas, tratados y toda clase de hitos que me permitieran clavar en un esquema espacio temporal la historia del imperio, estaba completamente equivocado, pero no resulté decepcionado. El autor nos sumerge en las épocas que reseña y, al igual que hoy estamos inmersos, si no agobiados, en información, muchas veces difusa, sobre quién apoya que idea en contra de quién, asimismo nos sitúa, no ya como quien mira desde un cerro una carrera de caballos, sino de quién esta parado en medio de la vía tratando de evitar ser arrollado por los corredores, en una época en que tories y whigs intentan, como ahora, gobernar de acuerdo a sus visión de los mejor, para la nación, el pueblo y, por que no, para ellos mismos.
Parte el libro a mediados del siglo 18 con el resurgir del interés de los ingleses por el paisaje, la tradición y las caminatas. Sorprende ver como hace más de dos siglos, ideas que ahora parecen novedosas eran moda. Famosos caminantes que me recuerdan a los ciclistas, motociclistas, deportistas de aventura y mochileros que recorren esta parte del mundo. Desfilan y toman forma humana por aquí personajes hasta ahora para mi lejanos e imprecisos , como el filósofo Rousseau.
Vemos surgir personajes como Tom Payne, Mary Wollstonecraft y muchos más. Admiradores y detractores de la revolución francesa. Logramos percibir en mayor detalle, cosas de las que habíamos alguna vez escuchado, como las hambrunas de los irlandeses debido a la peste de las patatas y ver como concepciones gubernamentales dogmáticas acerca de la autosuficiencia y dignidad personal a veces aumentaron el problema en lugar de aliviarlo.
Viajamos a la India en el equipaje de personajes como Macaulay y lord Curzon. Vemos como una concepción paternalista de que lo distinto es inferior y que forzar a adoptar nuestra forma es hacer un bien, cueste lo que cueste, resulta a la larga en más daño que bien. (¿ se parece a Irak?). Tenemos la oportunidad de conocer a Victoria y sus muchos años de reinado y luto. Personajes como Disraeli y Gladstone llenan el horizonte.
A principios del siglo XX, surgen nuevos aires, gracioso parece descubrir que los señores Lever ( si el de los detergentes) y Cadbury ( el de los chocolates) existen y, no solo eso, fueron impulsores de políticas de responsabilidad social corporativa que recién hoy, justo 100 años después , se hacen cada vez más universales. Surge al famosos y manoseado “estado de bienestar” desde fines de la segunda guerra mundial hasta el gobierno de Margaret Tatcher, como la nueva Jerusaleeme, el nuevo imperio de los británicos. Sin embargo, el siglo XX está copado en un virtuoso contrapunto por las figuras gigantescas de Wiston Churchil y George Orwell. Humanos, criticables, y volubles pero enormes. En fin para no alargarme me salto hasta las últimas dos o tres paginas en las que el autor, británico de nacimiento, residente en usa, después de haber llenado 500 paginas de un análisis descarnado, crítico y escéptico sobre la realidad del concepto del imperio británico, termina con “y algunos de nosotros creemos, obstinadamente, que podemos seguir llamándolo Gran Bretaña”. Notable.
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